jueves, 1 de noviembre de 2018






CLARA EN LA OSCURIDAD, Juan Ramón Barat
[Una novela excepcional]

¿Cómo reseñar una novela excepcional sin añadir simples migajas a una mesa llena de exquiteces? Convencido de que eso es imposible y requeriría seguramente un comentario extenso, opto por algo que pudiera parecer digresivo: contarles la labor lectora que durante más de treinta años he realizado con el propósito de conformar un corpus de obras aptas para jóvenes lectores. Y lo hago porque sé que esta obra que les invito a leer debería ocupar un lugar entre las elegidas.
      Hace años, cuando explicaba el Cantar de Mio Cid a mis alumnos de 3º ESO, tomé una drástica decisión: a partir de ese momento leeríamos fragmentos, poemas, cuentos representativos de la historia de la literatura, pero ofrecería a mis alumnos un conjunto de “obras cercanas a su sensibilidad” para que ellos eligieran aquellas que les apetecía leer. La lectura se convertía así en una experiencia personal y no en un pretexto para explicar literatura. Y esto es así porque leer requiere atender a dos aspectos esenciales: reconocer los gustos temáticos propios de cada alumno y respetar sin elitismos sus gusto temáticos. A partir de ese instante creé un Plan Individual de Lectura en un Punto de Información Lectora, es decir, en la Biblioteca. Y lo denominé “Lecturas al PIL PIL”. ¿Por qué les cuento este introito que aparentemente me aleja de la novela de Juan Ramón Barat? Sencillamente porque quiero que usted, padre o madre, o usted, docente interesado en promover la lectura, incluya Clara en la oscuridad entre los libros recomendables. A partir de ahora cuando un padre nos diga que a su hijo o hija no le gusta leer, le diremos que no tarde mucho en regalarle el libro del que hablo.
      He leído la poesía de Juan Ramón Barat y también algunas de sus novelas que han sido reseñadas en este blog , y creo que puedo afirmar –y no es un elogio gratuito ni exagerado– que esta es la que más me ha gustado. He sentido la desorientación de su personaje principal –Sergio Mora–; he admirado su determinación para seguir investigando; me ha cautivado la belleza y la personalidad de Clara, y he llorado su final –perdón por la anticipación o prolepsis–; he admirado sus descripciones precisas y hermosas; me he enrabietado con el trato a los inmigrantes; he disfrutado con el desarrollo de la acción y con las dosis de misterio y terror; he reconocido la perfecta disposición de las coordenadas espacio-temporales; he valorado cómo en el primer capítulo el autor da la información precisa para que cualquier lector se enganche a su historia –así se aprende también a escribir–; me he reconocido en la opinión del narrador sobre el valor transcendente de la música (p. 174); me ha emocionado el descubrimiento del amor entre Clara y Sergio (p.196); he sentido como propias las palabras de Carlos Buendía referidas a la inmortalidad de las obras de arte frente a la efímera existencia del hombre (p. 111); he sentido un escalofrío de tristeza al cerrar el libro; y he admirado, una vez más, a su autor… En fin, he disfrutado con una obra maestra de la literatura juvenil en castellano, o mejor, con una obra apta para cualquier lector.
      Y antes de cerrar el libro leo satisfecho:
“Me asomo al vacío. (…) Hay nubes blancas que pasan empujadas por las manos transparentes del viento. A veces cruzan pájaros por el espacio. El sol, a lo lejos, parece una naranja de oro desangrándose lentamente… Sonrío. Estoy seguro de que Clara está viéndome desde algún lugar muy lejano…”.

lunes, 30 de julio de 2018





DESCONOCIDOS, David Lozano Garbala
David Lozano Garbala es un escritor prolijo (baste aludir a su trilogía gótica, La puerta oscura) y también prolífico (desde que en 2006 ganara el Premio Gran Angular de SM con Donde surgen las sombras, su obra no ha hecho más que crecer, distinguida siempre con los premios más importantes de literatura juvenil).
      El libro que nos ocupa, Desconocidos, se ha alzado con el Premio Edebé de Literatura Juvenil 2018 y es un ejemplo de la destreza de David Lozano para contar una historia y mantener el interés del lector hasta su resolución. Pero, ¿qué cuenta y qué propone esta novela? Sin entrar en muchos detalles, narra el acercamiento de dos personajes a través de Twitter. Lara Grávalos es una joven guapa, menuda, de pelo rubio, aficionada a la lectura,  que está acabando sus estudios en un instituto. Un día recibe invitación de Wilde, una identidad falsa tras la que se esconde Gerard, un joven estudiante de segundo de Derecho, muy tímido, quien acaba obsesionándose de Lara, hasta el punto de proponerle una cita. La persuasión y delicadeza de Wilde consiguen vencer la inicial resistencia de Lara, quien al final accede a encontrarse con él en un MacDonald’s. La novela cuenta más cosas: la relación de Wilde con su compañero de habitación en la residencia de estudiantes –un tal Fran–, la amistad de Lara con Berta, su mejor amiga; y las amenazas de Jordi Vila, el exnovio de Lara, de suicidarse si ella decide iniciar otra relación. Pero, ¿qué propone esta novela? Sobre todo, incita a reflexionar sobre los peligros de la red y plantea la fragilidad de muchos jóvenes que se creen invulnerables. Aunque los sentimientos de Wilde-Gerard sean buenos, el desenlace de la obra deja un asesinato y una vida salvada en el último instante: “¿Cuántas víctimas potenciales hay ahora, en este preciso momento, navegando a través de la red? La ingenuidad atrae a los depredadores como la sangre a un tiburón. Nadie debería prestarse a una proposición así” (p. 213). Diríase que muchos jóvenes buscan en la red otras vidas que quizá luego no existan en la realidad: “En Internet solo hay personajes, no personas” (p. 77).
      La maestría del autor en la dosificación de la trama se advierte también en la elección de unas coordenadas espacio-temporales muy concretas. Todo transcurre en menos de dos días y solo hay menciones a días anteriores porque son necesarias para conocer el proceso de acercamiento de Wilde a Lara. La acción avanza sin titubeos y se resuelve básicamente tres escenarios: primero, el Barranco de Sorts (donde hallan el cuerpo de un joven cuya identidad no se desvela hasta el final, un espacio donde el lector disfruta de los diálogos deductivos y enjundiosos entre el forense Carlos y la subinspectora Irene con el fin de descubrir al culpable); segundo, el restaurante MacDonald’s, donde se conocen físicamente Lara y Wilde (Gerard nunca desveló su físico en Twitter); y tercero, la residencia universitaria, en una de cuyas habitaciones Gerard hace partícipe a su amigo Fran de sus logros para conseguir la cita.
      La conversación entre el forense Carlos e Irene Castell pueden considerarse todo un recetario deductivo para apoyar cada sospecha (véanse los análisis a partir de la pulsera, el polvo del quitamiedos o los cristales rotos del móvil) y avanzar en el descubrimiento de la muerte del joven y de las razones del asesino psicópata, una identidad que se desvela al final, si bien durante la lectura de la novela el lector sospecha de varios posible asesinos, incluso de una asesina. El dominio de los conceptos técnicos y jurídicos evidencia una meritoria labor de investigación del autor de esta novela. Son también varios los quiebros argumentales que llevan a pensar sobre quién pudiera ser el asesino o asesina. Así sucede cuando el joven que cena con Lara afirma reiteradamente: “Jordi Vila no volverá a cruzarse contigo, te lo he dicho antes. Tienes mi palabra” (p. 81). En la cita que Lara comparte en el MacDonald’s con Wilde, ella siente una lógica inseguridad inicial, poco a poco gana confianza y siente deseos de besarlo, y finalmente temor cuando intuye su posible muerte.
       Y, sin embargo, ante la inconsciencia que supone lanzarse al abismo de la red para intimar con desconocidos, el autor nos muestra a dos personajes de nobles propósitos. Gerard y Lara son jóvenes amantes de la lectura (a ambos les apasiona Cartas a una desconocida, de Stefan Zweig y El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, además de otras novelas como La canción secreta del mundo, de José Antonio Cotrina); les gustan las canciones de Ed Sheeran, e incluso son seguidores de booktubers. Lara quiere borrar una relación anterior que considera tóxica, en la que Jordi Vila acabó acosándola, mientras Gerard cree que a través de Twitter podrá superar su acusada timidez. Es noble la intención de Gerard-Wilde (elige ese nick porque le gusta El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde): está enamorado de Lara, o mejor, obsesionado.
      Las referencias literarias son abundantes. La cita que precede a la novela es del poeta granadino Luis García Montero: “En mitad de la plaza hay alguien que se vuelve / y levanta los ojos / para buscar la luz en mi ventana, / el faro de la noche y sus fantasmas”. De la obra de este poeta se extrae también una idea para el lugar del primer encuentro: quedar en un “lugar intermedio”, que no levante sospechas, porque existen “Lugares intermedios, / madrugadas de junio a veces compartidas / en primera persona del plural”. Asimismo, la alusión a Cyrano de Bergerac conviene contextualizarla: del mismo modo que Vincent necesita de Cyrano para acercarse a la bella Roxane, de la que este último siempre estuvo enamorado, así también Gerard necesita la ayuda de su amigo Fran para ir trazando su estrategia de acercamiento a Lara, sin sospechar que esta ayuda acabará siendo letal. En esencia, tanto a Cyrano como Wilde los mueve el amor, la autenticidad de su amor: “Si Lara G continúa hablando con Wilde es porque le ha interesado su personalidad auténtica” (p. 109).
      Estamos ante una magnífica novela apta para jóvenes y también para lectores adultos (una vez más el término de Literatura Juvenil se me antoja restrictivo porque aleja a lectores de más edad de obras como la que aquí nos ocupa). No es una novela más que incida en la manida temática del poder maléfico y descontrolado de las redes sociales. Desconocidos es una novela lograda que aborda con verosimilitud y eficacia narrativa un tema muy actual: la indefensión de los jóvenes en la redes sociales debido al deseo abismático de vivir otras vidas.
 
Julián Montesinos Ruiz

domingo, 27 de mayo de 2018












INVISIBLE, Eloy Moreno

Acaba uno de leer esta novela con el corazón sobrecogido y un nudo en la garganta. Cuando comencé a leerla, hallaba cierta dispersión argumental, no identificaba bien a los personajes y las coordenadas espacio-temporales se me superponían. Además, era consciente de que el estilo se sacrificaba en aras de la eficacia narrativa, teniendo siempre en cuenta sus potenciales destinatarios juveniles. Pero, qué importa este inicio titubeante si la novela funciona finalmente como un perfecto mecanismo de relojería literaria. Poco a poco la suma de escenas fueron cobrando coherencia, y entonces, mordido el anzuelo de la historia, el libro se adhirió a mis manos y no ha habido manera de dejarlo, aunque la novela plantee un hecho triste y duela conocer la historia de un joven estudiante que se cree invisible para no sufrir, porque no encuentra otra forma de comprender que tanto acoso como sufre no despierte en los demás la sed de justicia, la ayuda necesaria.
        Los personajes transitan por la novela sabiamente manejados por el autor: Kiri, la amiga eterna del protagonista, duda siempre si dar el paso del compromiso amoroso; MM, el agresor, el joven que necesita la gasolina del miedo que inspira en los demás para sentirse alguien, un personaje que el autor presenta no solo como culpable, sino también como víctima de una sociedad y de unos padres que tiempo atrás se equivocaron hasta eliminar el afecto de sus vidas (p. 167); los padres del Invisible, ajenos al universo de sufrimiento de su hijo; y su hermana Luna, quien al final lo salva ante el desenlace trágico que se aproxima, porque el Invisible sabe que ella necesita que cada noche le cuente cuentos bonitos y no tristes (p. 266), una niña delicada que pone en el corazón de su hermano “medicinas de mentira y tiritas de verdad”. Y luego, sobresalen dos personajes: el Invisible, un joven aplicado en los estudios, que se siente incapaz de denunciar el acoso que sufre; y la profesora de Literatura, una mujer que también sufrió el acaso y que tiene tatuado en su espalda un dragón, el símbolo de la justicia y del valor ante los monstruos que merodean para destruir la dignidad de los hombres.
        Esta novela deberían leerla los responsables de los departamentos de orientación de los institutos, y debería trabajarse en las tutorías como ejemplo de que el esfuerzo por ser alguien vale la pena, porque el mundo avanza también gracias a todos esos “empollones” que suelen ser despreciados por quienes no valoran el mérito.
       El acoso es el resultado de la sociedad permisiva que estamos construyendo entre todos, en la errónea creencia de que las cosas no existen si no nos afectan personalmente (p. 173). El pensamiento de la profesora de Literatura es claro: “Sabe también que no es el tren el va a llevarse por delante la vida de ese chico, ni siquiera es MM el culpable; no, los que van a acabar con una vida que apenas ha podido estrenarse son todos los que han mirado pero han preferido no ver; también toda esa gente que ni siquiera ha querido mirar: Sabe que uno no es invisible si los demás no le ayudan a serlo (p. 282)”.

Julián Montesinos

miércoles, 2 de mayo de 2018










WONDER. La lección de August, R. J. Palacio
August Pullman, el protagonista de esta historia, es un niño de 10 años. Lo que hace que sea especial es su cara, nació con una malformación facial. Por lo demás es como cualquier otro niño de su edad: juega a la Xbox, le gusta tomar helado y es una apasionado de ​La guerra de las galaxias.
      Su familia nunca ha dejado de apoyarle y ha estado con él en todo momento. Hasta ahora, Auggie ha estudiado en casa, su madre le ha enseñado todo lo que no ha podido aprender yendo a la escuela, cosa que no ha podido hacer debido a que sus padres nunca se han atrevido a llevarle a un colegio, quizás por miedo debido a su deformidad. Ha llegado la hora de que se enfrente el mundo real, August ingresa en el colegio de Beecher. Allí se enfrenta a diversos desafíos pero logra convencer al resto de los niños de que él es un niño como los demás. El primer año de colegio supone un mundo para August, quien acaba aprendiendo el valor de la amistad, de la determinación, de la voluntad, la confianza...
      Lo que más me ha gustado de este libro es que te cuenta la historia tal como es, sin ningún tabú. El protagonista se toma con humor su condición, porque para él no es tan grave, esto le da un toque humorístico al libro. Algo que también me ha gustado es que no solo te cuenta la historia desde el punto de vista de August sino que también nos pone en la piel de los demás personajes como su hermana, su mejor amigo..., lo que nos permite ver la historia desde otra perspectiva. Otro aspecto interesante es que los capítulos son cortos y concisos, lo que hace más fácil la lectura y ayuda a mantener atento al lector y no aburrirlo. Lo recomiendo porque hace reflexionar sobre el bullying, las amistades, la muerte, y sobre todo la superación personal.
      Para finalizar recomiendo también ver la película basada en el libro, muy fiel al texto, y que fue estrenada en 2017 y dirigida por Stephen Chbosky.
“Todos deberíamos recibir una ovación al menos una vez en nuestra vida, porque todos vencemos al mundo”. ​Auggie

Marina González Bordonado

martes, 1 de mayo de 2018






YO, SIMON, HOMO SAPIENS, Becky Albertalli



Este libro retrata la vida de un adolescente homosexual, Simon. La historia comienza cuando a través de Tumblr conoce a un chico de su instituto, a quien identificamos bajo el seudónimo de Blue Green, con el que se empieza a escribir correos anónimamente.
        Sin embargo, todo se tuerce cuando Martin, un compañero de Simon descubre los correos y le amenaza con publicarlos a no ser que le ayude a salir con Abby, una de sus mejores amigas. Pero Simon no le hace mucho caso y Martin, enfadado y en un arrebato publica en al web de cotilleos del instituto su orientación sexual, por lo que se ve obligado a “salir del armario”, lo que produce todo tipo de burlas de sus compañeros. Es entonces cuando Simon empieza a investigar para conocer la identidad de Blue, a raíz de todo lo sucedido en el instituto.
        Simon se verá envuelto en una serie de sucesos que le llevarán a descubrir la verdadera identidad de Blue.

Opinión de María. Este libro me ha encantado, porque aparte de ser muy ligero, entretenido y divertido se narra desde el punto de vista del protagonista, de forma que es mucho más realista. Por otra parte, el tema que trata es muy interesante y se ve muchas veces actualmente, cuando alguien que quiere “salir del armario” se ve incapaz de hacerlo, por el miedo al rechazo de sus compañeros e incluso de su familia.
       Lamentablemente esto sigue ocurriendo en la actualidad, y son libros como este y más tarde películas las que nos hacen conscientes de esta realidad.
Este libro te engancha desde un principio y hace que no puedas parar hasta terminarlo.
        Verdaderamente lo recomiendo, sobre todo para los lectores adolescentes interesados en los romances, que buscan un libro que mantenga al lector en constante tensión y con los nervios a flor de piel por descubrir la identidad de Blue.

Opinión de Laia.  Este es uno de aquellos libros que se te quedan grabados en el corazón por mucho tiempo, su historia, sus personajes, con los que te identificas e incluso sientes que los conoces, como si fueran tus amigos. Me ha gustado mucho el hecho de que no solo trata la homosexualidad, sino también la diversidad racial entre otros temas importantes.
         Pero sobre todo esta historia es una historia de amor y amistad tan bonita y divertida que te deja sin palabras; ver cómo Simon y Blue se van conociendo y enamorando por correo, primero por dentro y luego por fuera es precioso y emocionante. También la relación de Simon con su familia y sus amigos que es tan real como la vida misma.
      Definitivamente recomiendo muchísimo este libro, leerlo es una experiencia única que te hace reflexionar y empatizar con el protagonista, pero tened cuidado, este libro te puede cambiar la forma de ver la vida y dejarte sin dormir varios días.

Laia Perucho y María Bañón



martes, 31 de octubre de 2017












LA LOCA DE LA CASA, Rosa Montero


“Me he acostumbrado a ordenar los recuerdos de mi vida con un cómputo de novios y de libros. Las diversas parejas que he tenido y las obras que he publicado son los mojones que marcan mi memoria, convirtiendo el informe barullo del tiempo en algo organizado” (p. 9). Este es el poder de la literatura: intentar sin éxito ordenar el hecho de vivir, pero en ese intento vano se justifica la vida, los anhelos, las pasiones, el deseo de aprender, el sentido de la imaginación, asuntos que se deslizan con sabiduría por estas páginas que se leen con suma gratitud. La loca de la casa sería, pues, un título ambivalente en tanto que sitúa a la escritura en el reino de la libertad y de la imaginación, siguiendo la conocida sentencia de Santa Teresa de Jesús: “La imaginación es la loca de la casa”.
     Conocía la dimensión novelística de la Rosa Montero y su faceta de periodista afamada (aún conservo algún texto suyo en mi Textario, una especie de antología donde archivo las páginas que más aprecio de todo lo que leo), pero he decir que este libro de memorias es una muestra de bien hacer, un documento misceláneo al que todo escritor que se precie debe enfrentarse alguna vez en su vida. Es decir, un ejercicio de teoría sobre la escritura similar a esa poética común en los poetas. Y Rosa Montero sale engrandecida de su empeño.
      Es encomiable la fluidez narrativa y la agilidad con la que se hilvana un discurso en el que se entreveran dos realidades: las constantes referencias librescas y las alusiones autobiográficas. Por eso, el lector atento debiera leer este libro con un lápiz en la mano para ir anotando los libros, cuentos y enjundiosos textos dispersos en el campo feraz de sus páginas.
Las tres referencias amorosas y eróticas que protagoniza la autora son reiterativas, pues se insiste en los mismos pormenores, tienen su origen en cenas y llamadas idénticas, se ubican en una geografía urbana común, y hasta las posteriores reflexiones son similares. Hay algo en estas referencias íntimas que desafinan en un ensayo autobiográfico sobre el valor de la literatura como actividad que da sentido a una vida.
      Conviene, a tenor del tipo de ensayo que reseñamos, ceder la voz a Rosa Montero. Se refiere al hecho de que el escritor es un ser humano en permanente proceso de escritura: “El escritor está siempre escribiendo. En eso consiste en realidad la gracia de ser novelista: en el torrente de palabras que bulle constantemente en el cerebro. He redactado muchos párrafos, innumerables páginas, incontables artículos, mientras saco a pasear a mis perros, por ejemplo: dentro de mi cabeza voy moviendo las comas, cambiando un verbo por otro, afinando un adjetivo. En ocasiones redacto mentalmente la frase perfecta, y a lo peor, si no la apunto a tiempo, luego se me escapa da la memoria (p. 17)”. También se pronuncia sobre la magia que en ocasiones acontece en el acto de escribir: “A veces sucede que estás escribiendo muy por encima de tu capacidad, estás escribiendo mejor de lo que sabes escribir. Y no quieres moverte del asiento, no quieres respirar ni parpadear ni mucho menos pensar para que no se rompa ese milagro (p. 49)”. Alude en este libro memorialístico donde todo cabe a la tendencia de los escritores a embellecer su pasado, especialmente la infancia, esa arcadia feliz tantas veces reinventada: “De manera que nos inventamos nuestros recuerdos, que es igual que decir que nos inventamos a nosotros mismos, porque nuestra identidad reside en la memoria, en el relato de nuestra biografía” (p. 10-11)”. Y al final retoma esta misma idea: “Toda autobiografía es ficcional y toda ficción autobiográfica, como decía Barthes (p. 273)”. Aunque es manida la referencia, Rosa Montero insiste en la conocida opinión de Vargas Llosa sobre que el origen de la dedicación a la literatura está en la insatisfacción del escritor con el mundo, porque llega un momento en que descubre “su discrepancia con el mundo (p. 71)”. Y para dotar de sentido a la existencia nada mejor, dice Rosa Montero, que abandonarse al género narrativo: “La novela es el único territorio literario en el que reina la misma imprecisión y desmesura que en la existencia humana (p. 158)”. Llaman mi atención la defensa que hace la autora de la legítima ambición del novelista: “Habría que alcanzar ese desapego oriental, esa sabiduría taoísta, la imperturbabilidad estoica de quien nada desea. Pero el problema es que, para ser un buen escritor, hay que desear serlo, y desearlo, además, de una manera febril. Sin la ambición disparatada y soberbia de crear una gran obra, jamás se podrá escribir ni tan siquiera una novela mediana (p. 125)”. No deja de sorprender el juicio radical sobre la actitud indigna de Goethe: “El gran Wolfgang era un pobre pelota, un infeliz que ya desde el primer momento empezó a dejarse las pielecillas de su indignidad en su ardua subida por la escala social (p. 63)”. No es menos crítica con la actitud pedigüeña que practica el sobrevalorado escritor Robert Walser para que le publiquen sus obras (p. 84-85). Son muchas las alusiones que realiza Rosa Montero para ir explicando el sentido que tiene ser escritora en la actualidad. Asimismo, son muy interesantes las constantes referencias que hace a la obra de Ítalo Calvino, Margarite Yourcenar, Carson MacCullers, entre otros. No podríamos pasar por alto la defensa de la lectura, quehacer al que ningún escritor podrá renunciar: “Dejar de escribir puede ser una locura, el caos, el sufrimiento; pero dejar de leer es la muerte instantánea. Un mundo sin libros es un mundo sin atmósfera, como Marte. Un lugar imposible, inhabitable. De manera que mucho antes que la escritura está la lectura, y los novelistas no somos sino lectores desparramados y desbordados por nuestra ansiosa hambruna de palabras (p. 200)”.
       En fin, un libro misceláneo con reflexiones sobre las costuras ocultas que sostienen el acto de escribir.

Julián Montesinos



lunes, 23 de octubre de 2017





POR EL LIBRO, VV.AA.
DIEZ MIRADAS, VV.AA.
Cada uno de nosotros, lectores discontinuos de ese género tan difícil y agradecido como es el cuento, tenemos en nuestro archivo de preferencias unos cuantos relatos que han marcado nuestra trayectoria lectora. No sé si les habrá ocurrido, pero hay pocas experiencias lectoras más satisfactorias que dejarse llevar por un buen relato, por las expectativas que genera, hacia un final más o menos previsible. Entonces, la lectora o el lector suspiran y afirman algo así como “qué cuento más extraordinario”. Eso me ha pasado con libros como Música para camaleones, de Truman Capote; Alguien te observa en secreto, de Ignacio Martínez de Pisón;  Tantos ángeles rotos, de Miguel Sánchez Robles, con algunos del olvidado Francisco García Pavón, de Sergi Pàmies, Javier Sáez de Ibarra, Pilar Adón y, sobre todo, con cuentos desperdigados en magníficas antologías de relatos.
      Hoy traigo a esta colmena de recomendaciones, solo dos celdillas, dos libros cuyo denominador común consiste en que se tratan de cuentos relacionados con el acto de leer, con la fascinación que la lectura ejerce. Por una lado, rescato un libro “antiguo”, editado por la desgraciadamente ya desaparecida editorial Everest, titulado Por el libro. En él, recuerdo que leí algunos cuentos magníficos, pero siguen flotando en mi recuerdo uno de Paco Abril, titulado “Lector anónimo”, en el que escritor asturiano da voz a un joven que declara sentirse lector, para lo cual tiene que asumir algún que otro riesgo en un ambiente familiar hostil. Y, por otro, lado, recomiendo dos magníficos cuentos incluidos en el libro Diez miradas: uno de César Mallorquí, titulado “El cerebro del profesor Vázquez”, extraordinario por su humanidad y sencillez, y que narra con suma perfección el sentimiento de orfandad afectiva de un profesor, quien al final de su vida recibe el agradecimiento del médico que le salva la vida y que resulta ser un antiguo alumno suyo; y otro, no menos intenso y poético, “El mar no tiene sueño”, de Fernando J. López, quien muestra el eterno debate entre la realidad y los deseos a partir de la insatisfacción de un joven que se busca porque no sabe hacia dónde ir ni qué hacer con su vida. La poesía, en este caso, le ayudará a encontrarse.
      En fin, dos libritos para amantes del relato y de la lectura.
 
Julián Montesinos Ruiz